Aventuras de Vap


17° Encuentro: Barbie, Una Delicada Muñequita
April 29, 2011, 11:26 PM
Filed under: Aventuras en Ámsterdam | Tags: ,

Era martes y permanecía aun en la internacional Ámsterdam después de haber tenido mi primer encuentro con una escort europea, en la cercana ciudad de La Haya durante la tarde del pasado sábado. A pesar que ya tenía claras las opciones disponibles para los días que me quedaban de estadía, el lunes me deje guiar por mi curiosidad y buscando alguna sorpresa agradable visite en reiteradas oportunidades la web de Zuzana. La misma agencia de pornstar escorts que había contactado anteriormente, para ver que chicas estaban disponibles durante los días que me quedaban de estadía. Mis indudables ganas de llevarme un mejor recuerdo de mis aventuras por territorio holandés hacían que me resuelva a concretar un último encuentro antes del miércoles por la tarde, día que tenía pensado seguir con mi viaje al siguiente destino. Convencido que no debía seguir desperdiciando más tiempo para decidirme, tome prestada la portátil de mi anfitriona dispuesto a poner punto final al tema. Eran aproximadamente las 4PM cuando por medio del website reserve mi encuentro para dentro de 2 horas. Al cabo de unos minutos recibí en mi móvil la confirmación por mensaje de texto, en el cual venia incluida la dirección a la que me tenía que acercar. Para llegar al lugar sin inconvenientes, inmediatamente hice las consultas necesarias en Google Maps y en la web del transporte urbano de la ciudad. Con la tarea hecha y con el amigo ansioso solo me quedaba hacer algo de tiempo para partir a mi segundo encuentro con una escort europea, el cual esperaba sea muy positivo.

Basándome en el conocimiento adquirido de los tiempos que normalmente toma el transporte en la ciudad, salí al destino con 40 minutos de antelación que veía más que suficientes. Primero subiendo a un tranvía que me llevaría desde Museumplein con destino a la estación central. Mientras viajaba en este sin el boleto necesario pensaba que si tenía el infortunio de cruzarme con un control, no solo me iban a hacer perder tiempo y dinero al ponerme una cuantiosa multa, sino peor aun la oportunidad de llegar puntual a mi cita y correr el riesgo de perderla. Felizmente las buenas vibras iban de mi lado y apenas llegar a la estación del centro encontré el segundo tranvía de debía tomar con destino a Ijburglaan, donde quedaba el departamento en el que me encontraría con la chica, a punto de partir. Raudamente me asegure de subir a este y a diferencia del anterior preferí no arriesgarme y hacer pago del módico boleto a la persona encargaba en el interior del transporte. Después de viajar por unos 15 minutos pude comprobar que mi cálculo del tiempo necesario fue excelente, había llegado a la estación donde debía bajar con 15 minutos de margen a mi favor. El haber visto con antelación en el Google Street View la forma en que lucía el edificio me fue de mucha ayuda, pues llegue casi como si fuera directamente a mi casa aun con poco más de 10 minutos de adelanto a la hora pactada. Sin embargo preferí permanecer por un rato afuera esperando, en el frío oscurecer, que transcurrieran un par de minutos suficientes para acercar el tiempo a las 6 de la tarde. Con las ansias que nuevamente ya empezaban a apoderarse de mí, llame al timbre para que me dejaran entrar, sin preguntas de por medio accionaron el portero electrónico que abrió la puerta principal que solo debí empujar. Al entrar me dirigí al elevador, donde aproveche los espejos para arreglarme un poquito mientras trataba de desviar mis pensamientos relacionados a mi próximo encuentro. Era momento de tocar el timbre, los segundos que siguieron fueron sintiéndose como minutos, me sentía ávido por despejar toda la incertidumbre que me poseía en el momento. Basto el leve asomo de ella para que la luz entrara a mis ojos, era realmente más linda que las fotos. Muy simpática de rostro, una belleza que irradiaba algo de ternura y un cuerpito exquisito que llamaba necesariamente al deseo más puro por poseerla. Esa jovencita húngara respondía al nombre de Barbie y justamente le quedaba a cabalidad, porque era toda una muñequita.

Me invito a pasar a su departamento, al cual entre escoltándola todavía un poco pasmado por la primera imagen que tuve, cuando me dio la espalda para guiarme advertí que la vista pudo enriquecerse aun más con su apetitoso y fino derrier. Me llevó hacia la mesa de un comedor, donde me pidió que me sentara mientras ella fumaba un cigarrillo, en la cual pude encontrar algo de snacks y jugos naturales que me fueron ofrecidos gentilmente mientras esperaba en amena conversación. En esa oportunidad pude percatarme de la presencia de otra chica que se encontraba viendo televisión en la sala, como no me quería quedar con la curiosidad le pregunte quién era su amiga, siendo respondida mi interrogante con la correspondiente presentación de Kathy. Realmente su compañera era dueña de un rostro hermosísimo. Mi cara debe haber quedado estupefacta, porque lo siguiente que recuerdo fue a Barbie preguntando: “¿Te quieres atender con ella también?” No había duda alguna que no solo lo hubiera querido sino lo hubiera codiciado, pero mi limitado y justo presupuesto no me permitía darme ese gusto que tanto hubiera gozado.

Acabado el cigarrillo nos dirigimos al dormitorio donde me pidió el pago por adelantado antes de abandonarme por un par de minutos mientras me quitaba la ropa. A su vuelta la agarre del hermoso culo que tenia y empezamos a entrelazarnos abandonados a la lujuria. Poco a poco fui recorriendo cada centímetro de su cuerpo mientras la iba desvistiendo, mi amigo ya muy despierto clamaba por atención especial. Nos tiramos a la cama que teníamos enfrente y mi boca se entrego a saborear su cuello, sus pechos, su ombligo hasta su sexo. Era turno de devolver favores, hice volar mi trusa al aire antes de sentir sus húmedos labios en mi tenso pene. Estuvo prodigándole caricias hasta que nuevamente le pedí relamerme con su apetitosa vagina. ¡Como estaba disfrutando el momento! La experiencia anterior estaba quedando enterrada en el olvido con aquel magnífico encuentro. Era momento de acercar nuestros sexos y empezar a penetrar con todo el placer que podía sentir en ese momento, el cual se prolongó por varios minutos hasta concluir con la descarga en mi posición favorita: doggy style. Nos quedamos tendidos en la cama conversando de la vida mientras reponía vigor. Estando a punto de ir por el segundo polvo de la tarde, previamente paso por el baño para una fugaz ducha y cuando vuelvo al dormitorio la encuentro vestida. ¿Qué pasa acá me pregunte? Me cercioro del tiempo y le comento amablemente que todavía me quedaban 15 minutos suficientes para meterme otro polvo. Su lastimosa respuesta destruyó todo lo positivo que había construido hasta el momento con su físico y servicio de primera. Me comenta que el tiempo empieza a correr desde que uno entra al departamento. Primera vez en mi vida que me pasaba algo así, en todas mis anteriores atenciones en Sudamérica nunca me ocurrió algo igual. Sin perder la compostura le recalque el hecho de haber estado esperando a que termine su cigarrillo. Como hasta un rato antes había sido todo inmejorable, simplemente decidí no hacerme problema, a pesar que estaba algo desilusionado por su actitud, y opte por empezar a vestirme para retirarme. Me despido de su amiga y luego de ella, como todo había estado bien hasta ese inesperado final, intercambiamos correos electrónicos por si en un futuro iba a Barcelona o yo a Budapest. Finalmente me retire del lugar y me fui bajando las escaleras despacito, con la idea que pude haber rozado un encuentro casi perfecto, pero que lamentablemente el destino no quiso que se dé.

Por la noche, ya de vuelta en la casa dónde me quedaba, pensaba que aunque me quedara solamente una mañana de estadía en la ciudad, quizá podía darme la oportunidad de tener una última experiencia. Planeaba una rápida incursión por el barrio rojo, donde uno puede encontrar atención ininterrumpidamente durante todo el día. Indudablemente tenía que ser corta por el tema económico y de sobre todo por el tiempo, pues me arriesgaba a perder el tren que tenía que tomar. Finalmente al día siguiente deseche el plan y me encamine directamente a la estación, mientras en el camino pensaba que a pesar que logre abandonar la ciudad con un mejor recuerdo que yo quería, no alcance el tan ansiado recuerdo perfecto. Luego reflexionaría que quizá ello no existe, pues siempre estamos llamados a superarnos, pero nada quitaría de mi memoria aquella experiencia positiva que tuve. Siempre recordare con una amplia sonrisa los momentos en que tuve entre mis manos a Barbie: una delicada muñequita.


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